Las cosas buenas no hace falta entenderlas.
A veces me pregunto cómo sería yo ahora si hace unos meses no me hubiera fijado en lo bien que te quedaba esa camiseta y en tu cara sonrojada al hablarte. Si nunca te hubiera visto sonreír así, y no hubiera vuelto a creer en algo. Si hoy no recordara la primera vez que me miraste directamente a los ojos, la primera vez que dijiste mi nombre en voz alta y me pareció la mejor secuencia de sonidos que había escuchado en años. Si no hubieras tenido esa costumbre de dejarme sin querer con ganas de más, de alejarte siempre cuando sentía el impulso de darte un abrazo, de racionar las sonrisas y hacerte tan imprescindible.
Si no hubiera interpretado tus pellizcos como caricias, si no hubiera malgastado los instantes en los que te tenía delante para discutir contigo, y así, sentirme un poco más cerca de tu cara. Si no me hubiera dado cuenta de que la historia que tú tienes por contar pocas personas por aquí la poseen. Si no hubiera caído en la forma que tienes de guardar las manos en los bolsillos del pantalón por debajo del abrigo, mientras caminas con toda la tranquilidad del mundo. Si no hubiera comprendido que valías la pena, y no hubiese decidido darlo todo por ti, ser tu apoyo, esa persona con la que podrías contar en cualquier momento.
Si no hubiera buscado tu cabezón en cada rincón de este maldito mundo todos y cada uno de los segundos a lo largo de este tiempo, si no hubiera decidido dejar a un lado a la gente y centrarme solo en el instante en el que tus manos rozan las mías, sin querer. Si no me hubiera hecho adicta a cada pequeño movimiento, si no me hubiera hecho toda una experta en tu olor. Si nunca hubiera pensado que eres como un niño grande, pero que tienes el mayor corazón en kilómetros a la redonda.
Si no me hubiera desesperado a lo largo de los días contigo, si no hubiera pagado mi mal humor enfadándome. Si no me hubieras demostrado que te importaba algo y que podía confiar en ti. Si nunca te hubiera conocido... Probablemente nunca hubiera sentido que faltaba un pedazo de mi cuando no estabas cerca, que no valía nada si tu no estabas sonriendo a mi lado. Increíble e inesperadamente me he ido enamorando de ti sin darme cuenta, ni siquiera lo he hecho a propósito, solo ha surgido.. Y mucha gente se pregunta el porqué de mi situación, pero solo se lo preguntan porque no han vivido con la misma intensidad que yo los instantes a tu lado.
Seguramente ellos no disfrutaban como yo lo hacía el que tu me miraras, solamente unos segundos, aunque fuera por pura casualidad, porque tu mirada se desviaba sin querer hacía la dirección de mis ojos, que siempre te estaban buscando. Porque no se les ponían los pelos de punta cada vez que pasabas por su lado y dejabas atrás ese frió airecito que perciben los demás cuando pasas muy cerca de ellos, pero nunca los llegas a tocar. O simplemente cada vez que me miras, sonríes y me dices “Pero mira que eres tonta”. Eso es lo que me ha ido llenando cada día, y lo que extrañaba cuando no estabas. Porque cualquier excusa era buena para quedarme un ratito más mirando como hacías el idiota con los amigos, para disfrutar con cada gesto que hacías sin darte cuenta.
Porque me gustaba como te reías sin razón alguna, simplemente porque te apetecía soltar todo tu aire en una carcajada, y después respirar. Soñaba con satisfacer cada espasmo de lujuria, alimentar toda ansia depravada..Conocías cada historia, cada herida, cada recuerdo. Toda mi felicidad giraba en torno a ti. Cada pequeño instante ¿no lo captabas? Y sin saber cómo, antes de que yo fuera consciente de todo esto, antes de conocerte, posiblemente ya te quería. Por que lo que no sabia es que enamorar-se, le puede pasar a cualquiera y nadie está a salvo.
0 comentarios